Vale la pena Vivir
¡Vale la pena vivir! Grito Martín al ver que Héctor se disponía a tirar la secadora de cabello adentro de la tina, ¡vale la pena vivir! Repitió al ver que Héctor parecía estarlo ignorando, y es que no era la primera vez que este hombre de sesenta años, flaco, canoso, de aspecto casi lúgubre, amenazaba con quitarse la vida, antes fue saltando desde un primer piso en donde solo consiguió lastimarse los tobillos y antes de eso, lo había intentado lanzándose a las vías del metro a las doce de la noche consciente de que el último tren había pasado por el anden cinco minutos atrás. Pero aunque parecía que la finalidad de estos actos no era más que la de llamar la atención, Martín, su viejo amigo de facultad siempre estaba ahí para evitar que de verdad se hiciera algún daño irreparable. Dame una razón por la que valga la pena vivir, reaccionó Héctor, razones me sobran…, ¿si?, anda dime alguna, el amor, contestó, venga no me jodas con esas estupideces, ¿el amor te parece estúpido?, pregunto Martín con la intención de que el debate sobre tan polémico sentimiento hiciera que Héctor olvidara por un momento la idea de matarse, el amor no me parece nada, es mas no creo en él tu sabes que alguna vez me entregué a los brazos de una mujer y dije estar enamorado y también sabes como terminó, las relaciones nunca fueron el fuerte de este suicida en potencia, en sus sesenta años de vida solo había conseguido liarse con dos mujeres, a una de las cuales dijo amar y que tras diez años de una relación que tuvo sus buenos momentos pero en general unos muy tristes y tormentosos, lo abandonó sin despedirse, meses después Héctor se enteró por medio de las esquelas del periódico que la persona con la que alguna vez compartió un periodo importante de su vida había dejado de existir y con ella también la posibilidad volver palpar sus sedosos cabellos dorados. Carajo no empieces con eso de nuevo, exclamó Martín, tu relación con Yolanda siempre fue un fracaso y tu lo sabes, al segundo día de mudarse a este apartamento ya estaban peleándose, ¡tu nada sabes! , reviró Héctor, ¿que no se nada? ¡coño! ¿se te olvida cuantas veces te fui a sacar del “Gran león” ahogado en whisky y lágrimas?, yo nunca te pedí que fueras, ¿no?, interrogo un Martín un tanto colérico por la arrogancia de su amigo, anda jodete cabron, para ti entonces nada valen los malos ratos que pase por ir a salvarte de la congestión, sentenció, venga cálmate no lo decía en serio, ¿ y sabes?, creo que tengo ganas de un trago, dijo el suicida con una sonrisa burlona, al termino de esta oración salio de la tina y le dio la secadora al amigo, quien acto seguido le extendió una toalla, gracias Martín, expreso Héctor, de nada, dijo un todavía molesto camarada, salieron del cuarto de baño en silencio, caminaron hasta la sala en donde tomaron una copa acompañados por el sonido del viento de marzo golpeado sobre las ventanas, al terminar de beber se despidieron con la promesa de verse en unos días para ir a jugar carambola, cosa que nunca paso puesto que Martín murió un par de días mas tarde en la sala de urgencias del centro médico víctima de una complicación respiratoria producto del enfisema pulmonar que desde hace unos meses lo afectaba, en el epitafio de la tumba de su mejor amigo, Héctor mando grabar la frase, “vale la pena vivir” y nunca mas volvió a intentar quitarse la vida.
miércoles, 17 de junio de 2009
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